jueves, 25 de octubre de 2007

Los silencios cómplices

Celina Peña Guzmán

“No conocí a los hijos de Pinochet vestidos de militares, ni de Somoza ni de Juan de la Chingada, esas implicaciones y esos mensajes son cabrones”, dice el historiador Fritz Glockner rodeado por un público posadolescente entre hipnotizado y confuso ante las frases del novelista de la “Guerra de Papel” y amigo de Jacinto Rodríguez Mungía.

“Es el momento de revisar lo que callamos. Los dioses se empezaron a caer. Uno no sale ileso después de leer el libro”, es el anuncio del autor de “La Otra Guerra Secreta”, Jacinto Rodríguez Mungía que de los helados archivos del Palacio de Lecumberri, ahora Archivo General de la Nación, rescató documentos en un elaborado esfuerzo de periodismo de investigación para cimbrar el cómodo silencio de las versiones oficiales ante la represión institucional post-68.

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Ernesto Aroche Aguilar


Jacinto Rodríguez durante la presentación de su libro donde manifestó que “el silencio no ayuda a nadie; el silencio nos convierte en una sociedad con sus propias pesadillas y sus propios miedos, nos vuelve una sociedad miedosa” / Foto: José Castañares

Para acentuar que el PRI disponga de un instrumento organizado técnicamente que desarrolle en su favor una propaganda institucional y no incidental, se consigna esta idea: ‘Por la acción de la propaganda política podemos concebir un mundo dominado por una tiranía invisible que adopta la forma de un gobierno democrático...”.

Citando esas líneas de un largo y anónimo documento encontrado en el Archivo General de la Nación, que establece las líneas de acción y operación para el manejo de los medios de comunicación al menos durante los sexenios de Díaz Ordaz, Echeverría Álvarez y López Portillo, arranca y se estructura el libro La otra guerra secreta, los archivos prohibidos de la prensa y el poder, que fue presentado por su autor Jacinto Rodríguez Munguía la noche del martes en la librería Profética.

Una tiranía invisible que no se ha diluido del todo aún en los círculos nacionales, y se mantiene como mecanismo de control en los cotos de poder emergentes, luego de la erosión que sufrió el presidencialismo, especialmente en los cacicazgos políticos estatales y regionales en la zona centro y sur del país, y por el narco en la zona norte del país, reconoce el también colaborador de la revista Emeequis en la entrevista ofrecida a esta casa

Dos apuntes sobre el libro de Jacinto


Jacinto Rodríguez Munguía no es un periodista cómodo. Quizás decir periodista y decir comodidad es más una contradicción fehaciente e incomputable. Me encontré con su libro “La Otra guerra secreta” hace un par de años, cuando en su cubículo de la fundación Prensa y Democracia de la Ibero Santa Fé, el tío Jacinto se encerraba tardes enteras peleándose con los vericuetos de una historia que prometía ya en ciernes provocar un escándalo entre las vacas sagradas del periodismo nacional.

Maniático de su cubículo —suerte de búnker intelectual, cobijado por el humo de los cigarrillos y los profanos libros que inundaban su escritorio, creo recordar algo de Cortázar con esa vaguedad propia de la memoria, creo haber hojeado en un descuido algún libro de historia contemporánea, cierro los ojos y observo el periódico del día, notas, apuntes y pesquisas manuscritas—Rodríguez Munguía se asomó en algunas cajas del Archivo General de la Nación para cumplir con lo que Jacques Le Goff sugiere cuando dice que los documentos “hacen hablar a las cosas y borran los silencios”.

Si como aventura Le Goff todo documento es al mismo tiempo verdadero y falso, su falsedad radica en su inexistencia y su verdad, en su rescate de la memoria.

No es un lugar común.

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Pocas veces uno puede observar la confección de un trabajo de esa envergadura.

En el entrecruce entre historia o micro-historia, periodismo de investigación, novela testimonial, reportaje novelado con guiños historiográficos, novela histórica del México de los 70´s que sufrió la guerra de baja intensidad del Estado uno puede entrever lo que siempre ha intuido pero que es imposible concatenarlo con documentos.

Pocas veces puede uno conocer el entusiasmo con que en el comedor de la Iberoamericana de Santa Fé se desbordan las conversaciones pero inexorablemente siempre van a caer —imantadas sí, metafísicamente imantadas— hacia un mismo destino: el Palacio de Lecumberri, unas viejas cajas de documentos que inesperadamente se convierten en un tesoro.

Se mencionan algunos nombres de vacas sagradas del periodismo.

Pero ahora que escucho las palabras del autor del libro me queda claro que las únicas vacas sagradas que pueden existir en cualquier área de las actividades humanas son las que nosotros nos construimos como muletas para andar por la vida.
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El libro de Jacinto Rodríguez “La Otra Guerra Secreta” nos depara una lección las relaciones entre periodistas y políticos, entre medios de comunicación y oficinas de gobierno, son relaciones de poder.
Este martes Fritz Glockner, Ana Lidia Flores y el periodista Ignacio Rodríguez Reyna, director de Eme-equis, presentaron el libro de Jacinto Rodríguez, en la librería profética.
Entre el público se encontraba —guardando un bajo perfil— el premio nacional de periodismo 2006 y uno de los mejores cronistas del país, Alejandro Almazán de la Revista Eme-Equis, quien escribió con Oscar Camacho, “La victoria que no fue, López Obrador entre la Guerra Sucia y la soberbia”.
Almazán ya prepara un acercamiento a la vida del poeta caníbal, cumpliendo su cometido de ser un “ladrón de historias”, como el mismo se define.

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Rodríguez Munguía y un grupo de periodistas abandonaron en 2005 la Revista de El Universal. La salida de la publicación semanal que aparecía con el periódico cada lunes exhibió los mecanismos de censura al interior del diario más importante del país.

Un artículo que demostraba la corrupción en el gobierno foxista y arañaba al entonces Secretario de Gobernación y presidenciable, Santiago Creel Miranda, censurado en la Revista obligó a periodistas y colaboradores a dejar el diario, encabezados por Ignacio Rodríguez Reyna, director de la Revista.

Tras varias reuniones los periodistas exiliados del Universal, lo mismo Nacho Rodríguez Reyna que en un principio Pascal Beltrán del Río.

Meses después, una convocatoria ciudadana permitió el surgimiento de "Eme-Equis", fiesta cachonda de por medio en la Casa del Lago.

Todo esto viene a cuenta para recordar como el libro de Jacinto surgía a la par de la revista de marras.

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Jacinto estuvo un par de días en Puebla presentado su libro. Más allá de los comentarios de los presentadores y de las entrevistas que hoy salen publicadas en los diarios locales saltan más que los temas de coyuntura y anecdóticos , algo que flota en el aire: esa misma Tiranía invisible, más que fruto de una mente maquiavélica, expresión teórica del control político hacia los aparatos ideológicos del Estado desde el mismo poder y por sus mismos operadores.

¿Esta esta Puebla Preciosa atrapada en los márgenes de la Tiranía Invisible?

¿Cuáles son los manuales que siguen los operadores del control político? ¿Se queda chiquito el documento de la Tiranía Invisible frente a las prácticas locales del poder político?

Más que elogiar un libro como un documento de la relación prensa-poder estatal en el pasado, el priismo local y su prensa, no escapan a estas redes de complicidad y de silencio, a estas lógicas soterradas del ocultamiento, a este consenso silencioso pero intuido, no documentado pero presente de que algo flota ahí mismo, en los encabezados uniformes de los diarios, en los comentarios a modo de los locutores de los noticiarios, en el silencio de los medios electrónicos.

Aquí en Puebla, todavía se hacen llamadas desde la Secretaría de Gobernación y desde el PRI a las redacciones de medios impresos, radiofónicos, televisivos y hasta portales de Internet.

Por eso ahora, concateno que es así como en la Cena de Tribuna Radiofónica, el gobernador Marín puede llamar a Enrique Montero Ponce, con el don por delante, "mi amigo entrañable" y su hijo, Mario Montero Serrano, secretario de gobernación, escuchar sentado en la mesa de los secretarios del gabinete, las palabras de su padre.

Es esta Belle Epoque del viejo régimen mientras se cuida el silencio y se borra la memoria .
Mariachis, un palomazo de la primera actriz de telenovelas Regina Torné, los candidatos a la alcaldía, exgobernadores, diputados, periodistas y hasta un científico laureado se dieron cita en el aniversario del Grupo Tribuna.
“El año próximo si mi Dios quiere cumpliré 80 años de vida de los cuáles 62 han sido dedicados a la comunicación. Probé todos los caminos de la comunicación, el periodismo mi vida ha sido alucinante. Formar una primera plana, ir al taller como aquellos años”
Enrique Montero Ponce lanzó sus acostumbradas reflexiones de la vida política: “Yo creo que falló el timón fuero las elecciones más reñidas pero cuestionadas, nuestra democracia se tambalea a veces
En su discurso definió sin ambages sus paradigmas periodisticos:
“En la democracia el periodista le dice al pueblo, tú dictas yo escribo”
Montero Ponce se puso nostálgico. No era para menos, a sus 79 años, el periodista por antonomasia de la clase política cachondeó a sus invitados y tiró línea sobre el comportamiento de sus conocidos.
En su alocución, el gobernador Mario Marín avaló la conducción periodística del decano del periodismo poblano:
“Comunicador serio, veraz y transparente, interlocutor social, propiciador de juicios y criterios”.

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La tiranía invisible

Entrevista con Jacinto Rodríguez Munguía, autor de La otra guerra secreta
"Desmemoria, mecanismo de defensa"


Los medios, cómplices del aparato gubernamental por conveniencia, callaron atrocidades documentadas en La otra guerra secreta, de Jacinto Rodríguez Munguía


Jorge Machuca/ Milenio Diario

La “tiranía invisible” que ha mutilado de la historia más de dos décadas de opresión en México, ha comenzado a ser revelada. Los medios, cómplices del aparato gubernamental por conveniencia, callaron diversas atrocidades que son documentadas en La otra guerra secreta, libro de Jacinto Rodríguez Munguía presentado en Puebla el pasado martes y miércoles.

El autor del ejercicio de metaperiodismo basado en documentos obtenidos en el Archivo General de la Nación, sostiene que es urgente seguir reconstruyendo documentalmente la historia del país y la de los medios que, por conveniencia del poder, ha sido mutilada y arrinconada en una apuesta evidente por el olvido.

“Hay de facto actos de complicidad para cubrirnos las espaldas y que no seamos objeto de revisión; los medios y los periodistas tenemos una lógica de exigir transparencia al poder, de revisar los actos de la Iglesia, los empresarios; sin embargo, cuando se trata de revisarnos como gremio, ahí nos detenemos,” dice el también coordinador académico de la Fundación Prensa y Democracia.

(nota completa)

Revela Jacinto Rodríguez una tiranía silenciosa


Devela La Otra Guerra Secreta una tiranía silenciosa


Presenta en Puebla La otra guerra secreta
Texto: Edmundo Velázquez/Foto Cortesía Cambio: Tere Murillo Merchant


El matrimonio entre gobierno y medios, una relación viciada desde origen, fue para el periodista de Emeequis y coordinador académico de la Fundación Prensa y Democracia, el motivo de una investigación que lo llevó a la más fría cárcel en México. Desde el ex palacio de Lecumberri —presidio que recibió a torturados revolucionarios en las décadas de la guerra de baja intensidad, hoy convertida en el Archivo General de la Nación— Jacinto Rodríguez desenterró “carbones” que convirtió en diamantes en bruto para los adictos a la información. Políticos, reporteros y periodistas, así como sus casas editoriales en esa relación de amasiato son revelados en el libro que le llevó más de tres años de investigación.


Gracias al azar, Jacinto Rodríguez Munguía se topó con una caja de archivo muerto mientras se encontraba desempleado. Entre un lote de 3 mil 52 cajas del Archivo General de la Nación encontró los documentos que evidencian a la prensa que sucumbió a la autocensura, al cochupo y a la corrupción.


De esta experiencia de tres años encerrado en ese “cementerio de papel” y el apoyo de la asociación Prensa y Democracia (Prende) obtuvo La otra guerra secreta, título del libro donde revela con pelos y señales qué periodistas y medios de comunicación ignoraron los difíciles días de la llamada guerra sucia.


“Quien entra a este libro no sale ileso. Saldrá preguntándose porqué ocurrió esto, porqué en dos décadas los más de 500 desaparecidos de la guerra de baja intensidad se volvieron invisibles eternos para la prensa”, comentó el autor, quien estuvo por dos días en Puebla presentando el libro que ha merecido halagos de periodistas como Carmen Aristegui, Javier Solórzano y Miguel Ángel Granados Chapa.


Rodríguez Munguía estuvo en Puebla el martes y miércoles para presentar La otra guerra secreta, obra que originalmente se llamaría “la tiranía invisible” y que por razones de marketing la Editorial Debate de Random House Mondadori prefirió el primer nombre, porque ése “sí vendería”, como comentó entre risas en la Universidad Iberoamericana.


Y es que el periodista prefería el título de “la tiranía invisible” porque sólo así concebía una obra donde se reflejara el autoritarismo vivido durante la guerra de baja intensidad, requisito en combinación con un sistema judicial a modo y una sociedad desinformada por medios corruptos hacen “un triángulo perfecto” para los escenarios vividos en las décadas de los sesentas y setentas en países latinoamericanos como México, Argentina, Chile y Guatemala.


Según explica el periodista, reconocido por sus trabajos en La Revista y Emeequis, fue justo en tales países donde se planeó un modelo digno de Joseph Goebels, donde se incluía la desaparición de aquellos ciudadanos que no simpatizaran o se quejaran del autoritarismo gobernante en esa época.


“Siendo responsables con las cifras, se habló en Argentina de 30 mil registros de desaparecidos en la dictadura militar. 4 mil 300, en Chile. En Guatemala, 2 mil desaparecidos. Y en México por lo menos 500 personas desaparecidas, según sabemos. Pero cabe decir que esto ocurrió en un país donde no hubo una dictadura militar”, agregó el periodista. “Pero todo esto ocurrió porque había planes para hacerlo. Lo que ocurrió no fue casual”, agregó.


Así pues, ni el silencio ocurrido en fechas clave, 3 de octubre por ejemplo, fue tampoco casual. Entre las anécdotas que se atesoran dentro de “La otra guerra secreta”, se encuentran por ejemplo las cartas que para justificarse, Jacobo Zabludovsky envió al entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría, por “atreverse” a usar una corbata negra de duelo después de la matanza del 2 de octubre.


“Se develan los nombres de los Ferriz de Con, de Zabludovsky, que hoy simplemente esos apellidos se mantienen en las empresas de información con el mismo uso del poder”, como comentó Ignacio Rodríguez Reyna durante la presentación de la noche del martes en Profética, en donde acompañó a Jacinto Rodríguez, con quien colabora en Emeequis.


Gracias a comentarios de ese tipo es que el libro no tendrá espacios en medios de comunicación que se dicen críticos como es Proceso, La Jornada o El Universal.


“Es un fenómeno interesante eso. Porque el libro ya está y se está leyendo. Lo leyó Scherer y se creó un debate interno en Proceso. Según me enteré la frase que salió de ese debate fue: ‘es un libro justo’”, comentó al respecto el autor.


Sin embargo, además del gran espacio que han brindado otros de sus colegas entre los medios, Jacinto Rodríguez resaltó una de las primeras opiniones que recibió sobre el texto: “Lydia Cacho fue la primera persona que me llamó, un lunes o un domingo —no recuerdo bien— pero me llamó efusiva, muy como es ella. Me dice maravillada que le había provocado desvelo por tres días y que (el libro) se lo había robado a Solórzano y le decía que estaba agradecida”. Según relató, tras la publicación continuaron las llamadas de más mujeres “y todas ellas lo agradecieron…”. El autor entendió que parte de estos comentarios femeninos vinieron a colación porque en la segunda parte del siglo XX fue que los hombres tomaron las peores decisiones de México. “No es una historia que las mujeres reconozcan como suya. No les corresponde, esa historia pero la tenemos que asumir todos”, comenta mientras endurece el gesto en su rostro.


Aún así Rodríguez Munguía resaltó que México es el único país latinoamericano donde estos crímenes “del pasado” continuarán sin castigo y donde la historia debería de ser reescrita, obligando a sociólogos e investigadores a volver en el pasado. Pero lo peor es aún ese vacío en el corazón de los mexicanos: “Aún hay muchos padres que no saben a dónde irle a llorar a sus hijos”.


Un libro provocativo


Presentado por el escritor Fritz Glockner —quien fue compañero de investigación de Jacinto Rodríguez en el Archivo General de la Nación— y la académica de la escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Iberoamericana, Ana Lidya Flores, el libro La otra guerra sucia fue definido como una provocación intelectual y académica, incómodo para los medios de comunicación más renombrados de México. El libro ya agotó las copias de su primera impresión, aunque en anaqueles aún es posible encontrarlo. Tiene un costo de menos de 200 pesos y fue editado en la colección Debate de la editorial Random House Mondadori.

viernes, 19 de octubre de 2007

Lista iniciativa para federalizar delitos contra periodistas

El Ejecutivo enviará iniciativa para
federalizar delitos contra comunicadores, anuncia la PGR

/El Universal



El presidente Felipe Calderón está decidido a impulsar la federalización de los delitos cometidos contra periodistas y cerrar con ello espacios de impunidad, dio a conocer anoche el titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Eduardo Medina Mora.
“Se ha tomado la determinación de impulsar ante el Congreso de la Unión los cambios legislativos necesarios para que la Procuraduría General de la República (PGR) pueda atraer a su competencia los casos de aquellos delitos contra periodistas, cuando lo justifiquen la condición de su comisión”, explicó.
Está lista la iniciativa de reforma del Ejecutivo para enviarla al Congreso de la Unión. El proyecto busca garantizar plenamente el derecho de los ciudadanos a ser informados, resguardando entonces la integridad física de los comunicadores.